Alejandro Dumas era un mago de la palabra y de la acción. El conde de Monte-Cristo es una de las novelas más apasionantes que se han escrito. Aquí está, lector, en sus manos. ¿Cree usted que se llama Monte-Cristo por una casualidad?
En un viaje por el Mediterráneo, Dumas pasó por una islilla en la que no pudo desembarcar porque `` estaba en rebeldía ''. Era la isla de Monte-Cristo. El nombre le llamo la atención. Varios meses después, en 1843, se comprometió a escribir una obra que se titularía Impresiones de un viaje por París. Le faltaba, sin embargo, la trama novelesca. En esos días leyó un cuento de veinte páginas titulado El diamante y la venganza. Se desarrollaba en tiempos de la segunda Restauración. De allí le surgió a Dumas la idea de que Monte-Cristo descubriera a sus enemigos en París. Marquet, un colaborador suyo, inventó los amores de Monte-Cristo con la bella Mercedes y la traición de Danglars. El viaje, con la imaginación de Marquet y la de Dumas se convirtió en una novela pura. La novela se formó como una fuga a 64 voces de Bach. Cada tema tenía un sentido. Cada personaje se engarzaba con los demás. Así nació El conde de Monte-Cristo. Era el año de 1843. El triunfo fue rotundo. Cada día aparecía un capítulo en Le Journal des Débats. Cada día Francia entera palpitaba con las aventuras dé Edmundo Dantés. De provincia le escribían los lectores a Dumas para indagar de antemano el desenlace. El día en que un capítulo no aparecía se producía una angustia nacional.


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El Conde de Montecristo de Alejandro Dumas |
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Castillos de Cartón de Almudena Grandes |
«Estábamos en 1984 y teníamos veinte años, Madrid tenía veinte años, España tenía veinte años y todo estaba en su sitio, un pasado oscuro, un presente luminoso, y la flecha que señalaba en la dirección correcta hacia lo que entonces creíamos que sería el futuro. Aquél fue nuestro riesgo, y nuestro privilegio.»
En ese momento «luminoso», recordado en la distancia, se sitúa la historia subyugante, arrebatadora, de "Castillos de cartón", la nueva novela de Almudena Grandes. Con ella la autora vuelve al Madrid exaltado e inocente de los años ochenta, de la «movida» y los excesos, pero también de los deslumbramientos y la pérdida de la inocencia.
María José Sánchez trabaja de tasadora de arte en una casa madrileña de subastas. Un día recibe la llamada de un antiguo compañero y amante, Jaime González, anunciándole que su común amigo, Marcos Molina Schulz, se ha suicidado. La noticia no sólo devuelve a la narradora a su época de estudiante de Bellas Artes, cuando todavía soñaba con ser pintora, sino que le hace revivir la torrencial historia de amor que vivieron los tres cuando ella apenas tenía veinte años. Con la amarga emoción de lo que se siente irrecuperable, María José reconstruye los detalles de aquella pasión triangular, imposible y excesiva, la alegría desbordante con que exploraron el sexo, la intimidad sin tapujos recién estrenada, la entrega cómplice y excluyente a la pintura. Fueron destellos de una felicidad intensa, verdadera, que sólo acabaron ensombreciendo los celos de los amantes y la injusta negociación con el talento de los tres aprendices de artista.
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Los Artistas de la Memoria de Jeffrey Moore |
Tiempo de Lectura: Septiembre/Octubre 2008
Nota:7 (es un libro muy disfrutable, que conste)
Un hombre que recuerda demasiado y una mujer que recuerda demasiado poco... ambos esforzándose por entender sus propios mundos en una casa llena de recuerdos. Noel Burun es un sinestésico hipemnésico: su memoria es implacablemente exacta, y cuando la gente le habla, ve las palabras como explosiones vibrantes de color que suelen dejarlo aturdido y desconcentrado. Por otro lado, su madre, Stella, se hunde poco a poco en las arenas movedizas del Alzheimer. Noel, con su mente privilegiada, no puede aceptar la enfermedad de su madre y se pone, desesperadamente, a buscar remedio para frenarla junto a unos personajes más que excéntricos.
Jeffrey Moore relata la historia con varias voces , las notas de consulta del médico, las anotaciones de Noel y el diario de su madre y logra así una novela sensible e ingeniosa sobre los trucos más insospechados de la memoria.
- Supongo que no piensas moverte... - oyó que decía Norval.
- A los gilipollas nunca les cedo el paso.
- ¿Ah, no? Pues yo sí, siempre. - replicó Norval apartándose para dejarlo pasar.
- No te entiendo. - le dijo al fin.
- ¿En general, o respecto a algo en concreto?
- Cuando dices que nunca te has enamorado.
Norval bebió un trago de whisky irlandés.
- ¿Qué escapa a tu comprensión?
- No comprendo el concepto. Estoy convencido de que mientes ¿Es así?
- Nunca he estado menos inclinado a hacerlo. El amor existe sólo por una razón: para propagar los genes de la persona que hace el amor. Puede reducirse a una sustancia química llamada oxitocina. ¿La conoces?
- Pues... sí.
- Por tanto, soy incapaz de amar a una sola mujer. Pero muy capaz, estoy obligado de hecho, de amar a centenares.
- Cuando dices "amar", te refieres a tener relaciones sexuales. Pero ¿por qué centenares? ¿Por qué tantas?
- Porque los mejores momentos de una relación están al principio, cuando uno puede engañarse con infinitas posibilidades. La parte del medio y del final son una trampa detrás de otra.
- Pero ¿has llegado alguna vez a la parte del medio?
Norval desechó la pregunta con un gesto de la mano con el cigarrillo y se envolvió en una nube de humo.
- Y porque llega un momento en la vida de todo el mundo en que hay que hacer algunos sencillos cálculos aritméticos: comparar la suma de los placeres que a uno le ha dejado la vida con la suma de dolor. Y esta comparación lleva, a determinada edad y a los que tienen valor para ello, al suicidio. Así que, antes de llegar a ese punto, haré lo único que proporciona placer, mientras pueda.
Noel sacudió la cabeza. No era la primera vez que oía tal sofisma.
- Pero debe ser tan...insatisfactorio...no llegar a esa fase final. Al compromiso, al matrimonio, a un final feliz...
- ¿Final feliz? ¿Me has escuchado? Para mí, felicidad es que ese comienzo y ese final se mezclen en el primer encuentro.
-...y el emocionante proceso completo de enamorarse, que es lo más cerca que la mayoría de nosotros llegaremos a vislumbrar la utopía.
- Ay, por favor. El sexo y las drogas ofrecen vislumbres mucho mejores. Noel, eres un enamoradizo espectacularmente fácil, ¿y de qué te ha servido? Hay que llevar toda esta tontería romántica a la cama. El mundo no es como Romeo y Julieta, ni donde Cupido lanza sus flechas al azar. El amor romántico es una trampa darwiniana que nos hace ciegos a los defectos del otro. Caer en las redes del amor... Caer implica que uno alguna vez estuvo en una posición estable, en un punto más elevado. Y yo prefiero esa posición más estable y elevada.
(...)
- A lo mejor sólo tuviste mala suerte, Nor, y no te alcanzó la flecha adecuada. Cupido lanza flechas de plomo y de oro, recuerda, para el amor falso y para el auténtico. Has recibido las de plomo, eso es todo. No renuncies a la esperanza.
Norval alzó los ojos al cielo.
- Otro adicto a la esperanza...
(...)
Noel meneó la cabeza. No podía ni imaginarse lo que era tener todas esas mujeres en su campo gravitatorio. Estar en el lugar de Norval, sólo por un día. A veces creía que habría hecho casi cualquier cosa por cambiar de papeles: incendiar un orfanato, empujar al Papa por un acantilado... Pero después se le pasaba. Porque lo que buscaba era algo más. romántico, más duradero, algo que se encontraba en los cuentos de hadas y en las historias en tecnicolor. ¿Existían esas cosas en la vida real? Sin duda, para él nunca existirían.
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- ¿Las cosas te van mal alguna vez, JJ? - preguntó Noel con la boca llena de atún - ¿Estás triste alguna vez?
Se encogió de hombros ante la pregunta.
- Creo que estoy diseñado para la felicidad. Todos los días hay algo nuevo y mágico en la vida. Aunque tengo que admitir que volvería a la infancia sin pensármelo dos veces. El pasado es seguro... -JJ dejó la frase en el aire-. Recuerdo que una vez después de un partido de béisbol...
- Tus compañeros te sacaron en andas, ya sé. Pero de mayor ¿nunca has estado triste o deprimido? Por ejemplo, no sé... ¿Después de perder a alguien de tu familia o... un amigo?
- Bueno, me puse triste cuando papa se reunió con el Hacedor en el noventa y siete, y cuando Cristo acogió a mamá en el cielo en el noventa y uno, y cuando mi novia me dejó en el ochenta y seis. Por supuesto que los echo de menos. Pero estoy agradecido del tiempo que he pasado con ellos. ¿Comprendes?, nadie me puede quitar esa felicidad. Es mía para siempre jamás. Sigo teniendo ese amor dentro de mí y lo llevo dondequiera que vaya. Vive en mi recuerdo.
Noel asintió y tragó.
- ¿Y esas tres veces son las únicas que has estado triste?
-Ha habido otras veces. Pero, vamos, que si quieres un arco iris, tendrás que poner la lluvia, digo yo. Debajo de la nieve se esconde el verano, ¿recuerdas? Si todo fuera perfecto, no valoraríamos nada. --JJ se metió el dedo en la nariz y Noel miró para otro lado-. Cuando la vida hace zig, ¡entonces tú haces zag!
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Chesil Beach de Ian McEwan |
Tiempo de lectura: Abril de 2009 (Terminado el 22 de Abril de 2009)
Nota: 8
Tienen poco más de veinte años y se conocieron en una manifestación en contra de las armas nucleares. Florence es una chica de clase media alta. Edward, en cambio, pertenece a una familia que vive en la zona baja de la clase media. Ambos son inocentes, y vírgenes, y tras un largo cortejo se han casado. Es un día de julio de 1962, y el tsunami de la revolución sexual no ha llegado a Inglaterra. Edward y Florence van a pasar su noche de bodas en un hotel junto a Chesil Beach. Y lo que sucede esa noche es la materia con que McEwan construye su chejoviano, terrible mapa de una relación, del amor, del sexo, y también de una época, y de sus discursos y sus silencios.
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El Lector de Bernard Schlink |
Tiempo de lectura: Febrero de 2009
Nota: 8,5-9
Michael Berg tiene quince años. Un día, regresando a casa del colegio, empieza a encontrarse mal y una mujer acude en su ayuda. La mujer se llama Hanna y tiene treinta y seis años. Unas semanas después, el muchacho, agradecido, le lleva a su casa un ramo de flores. Éste será el principio de una relación erótica en la que, antes de amarse, ella siempre le pide a Michael que le lea en voz alta fragmentos de Schiller, Goethe, Tolstói, Dickens... El ritual se repite durante varios meses, hasta que un día Hanna desaparece sin dejar rastro. Siete años después, Michael, estudiante de Derecho, acude al juicio contra cinco mujeres acusadas de criminales de guerra nazis y de ser las responsables de la muerte de varias personas en el campo de concentración del que eran guardianas. Una de las acusadas es Hanna. Y Michael se debate entre los gratos recuerdos y la sed de justicia, trata de comprender qué llevó a Hanna a cometer esas atrocidades, trata de descubrir quién es en realidad la mujer a la que amó... Bernhard Schlink ha escrito una deslumbrante novela sobre el amor, el horro y la piedad; sobre las heridas abiertas de la historia; sobre una generación de alemanes perseguida por un pasado que no vivieron directamente, pero cuyas sombras se ciernen sobre ellos.
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Expiación de Ian McEwan |
Tiempo de lectura: 2006 o 2007
Nota: 9
En la gran casa de campo de la familia Tallis todo parece fluir con apacible elegancia en el día más caluroso del verano de 1935. Pero el oído atento percibirá sutiles notas disonantes, una creciente tensión que estallará después de que Cecilia, la hija mayor de los Tallis, salga empapada de una fuente, vestida solamente con su ropa interior, mientras Robbie, el brillante hijo de la criada y protegido de la familia Tallis, la contempla... Un libro prodigioso, que va abriéndose como un juego de cajas chinas y que contiene muchas novelas: una romántica historia de amor imposible, una durísima narración de guerra y la novela que dentro de la novela escribe uno de los personajes. McEwan ha escrito su obra maestra.
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